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domingo, 15 de abril de 2012

Lo que contamina esta colilla


Son muchos millones las colillas de cigarros que acaban tiradas en el suelo cada año en el país. Estos residuos no son biodegradables y acumulan elementos tóxicos que suponen un serio riesgo para la fauna.

El viaje de 10.000 km de una manzana


¿Cuántos kilómetros ha recorrido la comida hasta llegar a tu plato? Basta una vuelta por el supermercado para comprobar que las estanterías están llenas de productos de la otra punta del planeta: Una manzana chilena habrá tenido que viajar más de 10.000 kilómetros.

La huella de agua


Conceptos como el de la 'huella hidrológica' o 'agua virtual' dan una idea más aproximada del uso que hacemos de este valioso recurso. No sólo se trata de lo que sale de los grifos: un litro de aceite de oliva requiere 350 litros de agua y una taza de té unos 80.

El petróleo que comemos

Por ALBERTO GARRIDO* (SOITU.ES)
istockphoto
Los ciudadanos del mundo rico comemos petróleo. No cocinado, evidentemente, sino en los productos que ingerimos. La agricultura mundial es hoy mucho más dependiente de los combustibles fósiles de lo que era hace medio siglo.

La cultura amazónica peligra por el cambio climático

 Por PIEDAD MARTÍN* (SOITU.ES)
Actualizado 30-08-2009 19:40 CET
BOGOTÁ (COLOMBIA).-  'Natutama' en lengua Tikuna significa "la vida debajo del agua", y da nombre a una Fundación ubicada en Puerto Nariño, en el Amazonas colombiano. Las historias y leyendas de los sabios abuelos de la zona se integran en este centro con los estudios biológicos y ecológicos que realizan sobre la vida del río. De este modo, ciencia moderna y sabiduría popular se dan cita en las originales y rústicas instalaciones de su museo de educación ambiental.

Piedad Martín
Como cuenta Sarita Kendall, administradora del centro, "las culturas amazónicas, como la Tikuna, guardan en sus relatos los fundamentos de una cosmovisión propia íntimamente influenciada por la exuberante vida de este río y sus selvas". La Fundación Natutama, que cuenta con un estupendo equipo conformado por dos biólogas, una artista plástica y varios jóvenes talladores en madera de la comunidad Tikuna que actúan como guías, da a conocer ese misterio viviente que habita en la región. Todo a través del diálogo de saberes entre la memoria ancestral de cientos de años de interacción del río como fuente de vida, el ser humano como guardián y el conocimiento propio de la biología.
Así sabemos que los peculiares animales que habitan en el Amazonas son parte de la historia de las comunidades guardianas: el delfín rosado, un mamífero hermano del marino pero que alcanza los 2,80 metros de longitud y 180 kilos de peso, el manatí, otro mamífero confundido en ocasiones con sirenas y que tiene una apreciada carne que lo ha llevado a estar muy amenazado como especie; el pirarucú, el pez más grande del mundo; las pirañas; los delfines grises... y los hombres delfín que, en tiempos de nuestros antepasados, enamoraron a las mujeres de la Tierra para poblar el mundo que hoy conocemos; o las sirenas, que cuidan a los peces y molestan a los hombres que pescan en lugares u horas indebidas.

Pero este magnífico ecosistema y toda la riqueza cultural que lo rodea están en riesgo de desaparecer, según los estudios científicos presentados en la última cumbre de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Un 85% de los bosques amazónicos desaparecerían si siguen sin controlarse con fuerza las emisiones de gases de efecto invernadero y la temperatura aumenta 4ºC. Y es que nueve de cada diez científicos no confían en que los esfuerzos políticos vayan a poder limitar el calentamiento global a 2ºC, según revela una encuesta realizada por el diario británico 'The Guardian'. Pero, por desgracia, hasta un aumento moderado de la temperatura podría producir una pérdida irreversible de un tercio de la superficie de este territorio en los próximos 100 años.
Los científicos estiman que el aumento de la temperatura media global está reduciendo las precipitaciones en la región amazónica lo que provoca sequías locales y el colapso del sistema de raíces de los árboles, que caen produciendo áreas muy susceptibles a los incendios. Se produce un círculo vicioso en el que la menor disponibilidad de agua provoca que menos cantidad pase a la atmósfera desde la vegetación —por evapotranspiración— haciendo disminuir a su vez la lluvia. Como nos cuenta Mario, miembro de la comunidad de San Martín, es en días de grandes tormentas cuando los gusanos bajan de los árboles hacia el río y se transforman en manatíes o delfines alimentando así la población de "el mundo debajo del agua", que también estaría en peligro por las cada vez más recurrentes sequías.
Este círculo de destrucción es crítico porque los bosques tropicales son muy productivos y densos en su contenido en carbono. Como nos comenta Liliana, guardabosques del Parque Nacional de Amacayacu, "los efectos del cambio climático son patentes en el Amazonas y su destrucción liberaría el carbono almacenado en el bosque a la atmósfera convirtiéndose en una fuente muy significativa de este gas de efecto invernadero". De este modo, el efecto invernadero se aceleraría, así como el cambio en los balances energéticos de la superficie de la Tierra. De ahí que el aumento en la temperatura provoque un efecto multiplicador parecido al que se espera de la liberación del carbono almacenado en los hielos árticos con su derretimiento.

Piedad Martín
Así es como nosotros podremos ver el fin de cientos de años de convivencia y diálogo entre las 135 culturas amazónicas ancestrales y el río más largo y caudaloso del Planeta. Y como las leyendas de Natutama, del "mundo debajo del agua", pasarán a ser cuentos para que nuestra imaginación vuele sin miedos en un mundo en el que una crisis del sistema financiero cubrió cualquier intento de poder contrarrestar una degradación ambiental sin precedentes a escala planetaria. Esperemos que, de aquí a la toma de decisiones en diciembre en Copenhague, más voces se eleven pidiendo una respuesta efectiva para uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta la humanidad.

Experimentos con electricidad

  • Analizamos el consumo eléctrico de una casa con un contador instantáneo
Por CLEMENTE ÁLVAREZ (SOITU.ES)
  Actualizado 07-09-2009 20:03 CET
"La electricidad en casa es como un fantasma, sabes que se está consumiendo, pero no ves realmente cómo". Mikel Aguirre, de la compañía Efergy, me explica que el aparato que me han enviado a la redacción desde Barcelona sirve justamente para poder descubrir lo que hace ese fantasma en todo momento: se trata de un contador instantáneo de electricidad (*1).

C. Á.
El sensor del contador se acopla de forma muy sencilla al cuadro eléctrico y no requiere de una instalación especial.
En sí, se compone de un pequeño sensor que se acopla con una simple pinza al cable de fase del cuadro eléctrico de una casa y de un dispositivo portátil que cada seis segundos ofrece en una pantalla estimaciones del consumo de la vivienda en kilovatios, de las emisiones de CO2 (*2) que eso supone y del gasto en euros. Desde Efergy me recalcan que no es un contador para tomar mediciones precisas del gasto eléctrico (no está homologado para ello), sino una herramienta especialmente ideada para que los particulares puedan cambiar sus hábitos de consumo y ahorrar. "No puedes cambiar lo que no ves y con esto lo verás", me dicen. Y me advierten de un peligro que constato enseguida: el juguete resulta muy adictivo.
—¿Es sencillo bajar el consumo de una casa hasta cero?
Tras instalar el sensor en el cuadro eléctrico de mi casa, el primer experimento consiste en conseguir poner el contador instantáneo a cero. Parece sencillo, pues se supone que bastaría con ir apagando luces y electrodomésticos, pero la realidad se muestra bien distinta. Existen muchos más consumos ocultos aparte del famoso stand-by (modo en espera de algunos aparatos). La lamparita del cuarto de los niños que sólo luce en la oscuridad resulta que también gasta a plena luz del día. Y, para mi sorpresa, algunos electrodomésticos siguen consumiendo incluso apagados, como el ordenador. Para ir reduciendo el gasto real de energía, no queda más remedio que ir desenchufando uno a uno todos los aparatos, lo que en ocasiones no resulta nada fácil, como con la vitrocerámica o el microondas empotrado, cuyos dígitos verdes del reloj luminoso parecen burlarse de mí. Al final, después de poner patas arriba la cocina, me rindo con el medidor a 37 vatios de consumo, lo que representa unos 14 gramos de CO2 a la hora. "Sabemos de gente que se ha vuelto loca hasta identificar todo el consumo no deseado, algunos aparatos no dejan de gastar si no se desenchufan del todo y por eso se recomienda utilizar regletas de enchufes con interruptor", me confirma Aguirre.
—¿Cuánto consume un ordenador apagado?
El contador de Efergy muestra cada seis segundos cómo varía el consumo eléctrico del conjunto de la casa y a partir de esa medición se puede deducir el gasto de cada aparato: basta encenderlo y comprobar qué pasa. O, a veces, dejarlo apagado, y simplemente enchufarlo. El ordenador y el monitor de mi casa apagados por completo, pero enchufados, siguen gastando unos 15 vatios (unos 6 gramos de CO2 a la hora), tanto como la bombilla de bajo consumo que cuelga del techo de la habitación. Es decir, tener mi ordenador siempre enchufado, aunque no se encienda, equivale a dejar luciendo una lámpara en casa de forma permanente.
—¿El cargador del móvil sigue gastando si no se desenchufa?
Se suele escuchar que el cargador del móvil consume electricidad aunque no esté recargando ninguna batería si se deja enchufado. Sin embargo, en mis ensayos caseros no obtuve este resultado con ninguno de los cargadores de móvil que encontré. El consumo estimado era siempre cero. Para confirmarlo, el subdirector técnico de Soitu, Óscar Fernández, monta una regleta de enchufes en la que se puede instalar directamente el sensor del contador de Efergy para obtener una medición no ya de toda la casa, sino únicamente de los aparatos que se conecten ahí. Enchufo varios cargadores y el consumo vuelve a ser… cero.
—¿Qué es lo que más consume de la casa?
Resulta toda una revelación el descubrir por primera vez cuánto consume de verdad cada aparato o cada bombilla de la casa. Uno se sorprende cómo sube el consumo en la pantalla del contador cuando se encienden electrodomésticos como la vitrocerámica (más de 1 kilovatio) o como la campana extractora de humos de la cocina (218 vatios cuando se pone a plena potencia). Sin embargo, lo que resulta también decisivo en el cómputo final es la cantidad de horas que estén funcionando cada uno, de ahí el peso en la factura de luz doméstica de aparatos como la nevera o la televisión. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), un hogar medio consume unos 4.000 kWh al año, y la mayor parte se va en el frigorífico (18%), la iluminación (18%), la calefacción (15%) o la televisión (10%). En el caso de la nevera, dado que está siempre en marcha, se recomienda tener una con la etiqueta energética A, A+ o A++ (la calificación más alta de eficiencia), pero igual que con la iluminación o con los otros electrodomésticos resulta también crucial cómo se use. Eso último se comprueba enseguida con el contador instantáneo: aunque el consumo regular del frigorífico no es alto, hay momentos que de pronto se dispara cuando se escucha entrar en funcionamiento el compresor de este electrodoméstico para mantener o recuperar el frío de su interior. Y esto ocurre con mayor frecuencia si se abren las puertas del frigorífico.
—¿Cuánto CO2 emite un ordenador conectado de forma permanente a internet?
Si apagados el ordenador y el monitor consumen unos 15 vatios, cuando ya se encienden gastan unos 127 vatios. Si se va a dejar conectado a internet de forma prolongada para descargas archivos esto supone unos 49 gramos de CO2 cada hora (y unos 2 céntimos de euro a la hora). Esto se puede reducir un poco si se apaga el monitor: 105 vatios y 41 gramos de CO2/h.
—¿Qué gasta más electricidad en el ordenador: entrar en soitu.es o en elmundo.es?
Después de comprobar el gasto de un ordenador, es de nuevo el ingeniero industrial Óscar Fernández quién me pone sobre aviso de un fenómeno curioso: el consumo medido por el contador puede cambiar en función de lo que estemos viendo en internet. Si con la portada de soitu.es el medidor marca 127 vatios (los 49 gramos de CO2 de antes), por ejemplo, con la de elmundo.es el consumo se muestra más variable y se acerca más a 134 vatios (unos 52 gramos de CO2), con picos que alcanzan los 160 vatios (62 gramos). Según Fernández, esto ocurre por tener una portada más banners o gráficos en flash que otra, lo que obliga a hacer más cálculos a la CPU y requiere por tanto de más corriente. En cualquier caso, dado que el contador de Efergy no es un aparato de precisión, y menos con valores pequeños, estas mediciones deben considerarse sólo como aproximadas.
—¿Es cierto que dejar las bombillas encendidas gasta menos que el apagarlas y encenderlas de forma continua?
No es verdad que las bombillas gasten menos encendidas que si se apagan y encienden en un breve lapso de tiempo. El contador instantáneo me confirma que este no es más que un bulo que circula por internet. Quizá encenderlas y apagarlas continuamente no sea muy bueno para prolongar la vida de las bombillas, pero con el contador instantáneo compruebo que siempre consume menos electricidad el apagarlas. Lo verifico con bombillas incandescentes, de bajo consumo y con tubos fluorescentes.
—¿De verdad se nota tanto las bombillas de bajo consumo?
Al encender las luces del salón me horrorizo con el consumo de una bonita lámpara de diseño negra que todavía lleva seis bombillas pequeñas incandescentes de 40 W (cinco, porque hay una fundida). Las cambio todas por lámparas de bajo consumo de 9 W y me maravillo al encenderla de nuevo y consultar la pantalla del contador: Efectivamente, el consumo se ha reducido más de un 70 por ciento. ¡Y están las seis encendidas!
—¿Qué gasta menos para preparar un té: calentar el agua en el microondas o en la vitrocerámica?
Estaba avisado de que el contador era peligroso, pero ya es tarde: quiero medirlo todo. Meto una taza de agua en el microondas: 800 vatios (un minuto de tiempo). Luego pongo un cazo con agua en la zona de cocción más pequeña de la vitrocerámica: unos 1.000 vatios (cerca de un minuto y medio).
Para saber más:

(*1) El aparato de medición utilizado es un contador Efergy e2 y funciona de forma similar a un vatímetro (aunque en realidad mide voltamperios).
(*2) Para estimar las emisiones, hemos utilizado la media de contenido en dióxido de carbono por kWh del sistema eléctrico español: 0,39 Kg de CO2 por kWh.

Mi vida sin CO2

Por MIGUEL MORENO (SOITU.ES)
C.A.
Aplaudo este reportaje en el que Miguel Moreno quiso comprobar si es posible vivir sin producir dióxido de carbono porque con su empeño demuestra que es un periodista de raza. (Recomienda Ana Muniesa)
Exigiría que parte del dinero que pago por mi electricidad, calefacción o transporte se emplee en investigar nuevos métodos de recuperación y reciclaje de esos