La cultura amazónica peligra por el cambio climático
Por PIEDAD MARTÍN* (SOITU.ES)
Actualizado 30-08-2009 19:40 CET
BOGOTÁ (COLOMBIA).-
'Natutama' en lengua Tikuna significa "la vida debajo del agua", y da nombre a una
Fundación
ubicada en Puerto Nariño, en el Amazonas colombiano. Las historias y
leyendas de los sabios abuelos de la zona se integran en este centro con
los estudios biológicos y ecológicos que realizan sobre la vida del
río. De este modo, ciencia moderna y sabiduría popular se dan cita en
las originales y rústicas instalaciones de su museo de educación
ambiental.
Como cuenta Sarita Kendall, administradora del centro, "las culturas
amazónicas, como la Tikuna, guardan en sus relatos los fundamentos de
una cosmovisión propia íntimamente influenciada por la exuberante vida
de este río y sus selvas". La Fundación Natutama, que cuenta con un
estupendo equipo conformado por dos biólogas, una artista plástica y
varios jóvenes talladores en madera de la comunidad Tikuna que actúan
como guías, da a conocer ese misterio viviente que habita en la región.
Todo a través del diálogo de saberes entre la memoria ancestral de
cientos de años de interacción del río como fuente de vida, el ser
humano como guardián y el conocimiento propio de la biología.
Así sabemos que los peculiares animales que habitan en el Amazonas son parte de la historia de las comunidades guardianas:
el delfín rosado, un mamífero hermano del marino pero que alcanza los 2,80 metros de longitud y 180 kilos de peso,
el manatí,
otro mamífero confundido en ocasiones con sirenas y que tiene una
apreciada carne que lo ha llevado a estar muy amenazado como especie;
el pirarucú, el pez más grande del mundo;
las pirañas; los delfines grises... y los hombres delfín que, en tiempos de nuestros antepasados, enamoraron a las mujeres de la Tierra para poblar el mundo que hoy conocemos; o las
sirenas, que cuidan a los peces y molestan a los hombres que pescan en lugares u horas indebidas.
Pero este magnífico ecosistema y toda la riqueza cultural que lo
rodea están en riesgo de desaparecer, según los estudios científicos
presentados en la última cumbre de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Un 85% de los bosques amazónicos desaparecerían
si siguen sin controlarse con fuerza las emisiones de gases de efecto
invernadero y la temperatura aumenta 4ºC. Y es que nueve de cada diez
científicos no confían en que los esfuerzos políticos vayan a poder
limitar el calentamiento global a 2ºC, según revela una encuesta
realizada por el diario británico
'The Guardian'.
Pero, por desgracia, hasta un aumento moderado de la temperatura podría
producir una pérdida irreversible de un tercio de la superficie de este
territorio en los próximos 100 años.
Los científicos estiman que
el aumento de la temperatura media global está reduciendo las precipitaciones en la región amazónica lo que provoca sequías locales y el colapso del sistema de raíces de los árboles, que caen produciendo áreas muy
susceptibles a los incendios.
Se produce un círculo vicioso en el que la menor disponibilidad de agua
provoca que menos cantidad pase a la atmósfera desde la vegetación —por
evapotranspiración— haciendo disminuir a su vez la lluvia. Como nos
cuenta Mario, miembro de la comunidad de San Martín, es en días de
grandes tormentas cuando los gusanos bajan de los árboles hacia el río y
se transforman en manatíes o delfines alimentando así la población de
"el mundo debajo del agua", que también estaría en peligro por las cada
vez más recurrentes sequías.
Este círculo de destrucción es crítico porque los bosques tropicales
son muy productivos y densos en su contenido en carbono. Como nos
comenta Liliana, guardabosques del
Parque Nacional de Amacayacu,
"los efectos del cambio climático son patentes en el Amazonas y su
destrucción liberaría el carbono almacenado en el bosque a la atmósfera
convirtiéndose en una fuente muy significativa de este gas de efecto
invernadero". De este modo, el efecto invernadero se aceleraría, así
como el cambio en los
balances energéticos de la superficie de la Tierra.
De ahí que el aumento en la temperatura provoque un efecto
multiplicador parecido al que se espera de la liberación del carbono
almacenado en los hielos árticos con su derretimiento.
Así es como nosotros podremos ver el fin de cientos de años de
convivencia y diálogo entre las 135 culturas amazónicas ancestrales y el
río más largo y caudaloso del Planeta. Y como las leyendas de Natutama,
del "mundo debajo del agua", pasarán a ser cuentos para que nuestra
imaginación vuele sin miedos en un mundo en el que una crisis del
sistema financiero cubrió cualquier intento de poder contrarrestar una
degradación ambiental sin precedentes a escala planetaria. Esperemos
que, de aquí a la toma de decisiones en diciembre en Copenhague, más
voces se eleven pidiendo una respuesta efectiva para uno de los desafíos
más importantes a los que se enfrenta la humanidad.
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